LENGUA OTOMÍ » Cualidades de esta valiosa expresión mesoamericana

Plagada de una tradición remota, la lengua otomí no solo se configura como el séptimo idioma indígena más hablado en el territorio mexicano, sino como un aporte de gran valor intelectual, transmitido por generaciones hasta nuestros días.

Algunos rasgos de la lengua otomí.

La lengua otomí, más que un idioma, es una familia de dialectos con aspectos muy similares, hablada por las comunidades indígenas precolombinas, que habitaron principalmente el Valle del Mezquital. Sin embargo, aún se desconoce si esta jerga era parecida en aquellos tiempos a la actual, debido a la falta de fuentes históricas.

En relación a ello, el contacto del otomí durante varios siglos con el español, hizo que su sintaxis fuese muy parecida, pero no así los sonidos, algo que se puede notar en su pronunciación que viene dada por tres tipos de tonos diferentes: bajo, alto y ascendente.

Por otra parte, en este lenguaje, la forma plural solo es señalada por el artículo, no por el sustantivo. Por ejemplo, el plural de el árbol (k’a xítz’) sería k’ia xítz’o (los árboles), de la misma manera, el verbo ser o estar, no es casi usado ya que se sobrentiende en el contexto.

Asimismo, no existe un género para los adjetivos y los sustantivos, es decir, p’oxi pfáni puede significar caballo sucio o yegua sucia.

lengua otomí-variantes

Cuáles son las variantes de la lengua otomí.

Actualmente, en la lengua de la cultura otomí, se identifican principalmente dialectos, tales como el del Valle del Mezquital, que a su vez posee dos variedades, el ñöhñö al oeste, y el hñähñúen en el resto de los municipios y caracterizándose porque el número de vocales nasales-orales y abiertas-cerradas llegan a catorce. Al contrario, el otomí de la Sierra de Puebla, posee un cuarto tono de pronunciación, que es el descendente y diecinueve fonemas.

Adicionalmente a ello, el resto de las variantes de la lengua otomí, son la Occidental, hablada desde el Valle de Toluca hasta la Sierra Gorda, y la de Ixtenco, platicada en la faja oriental del Volcán de La Malinche, siendo la más divergentes de todas.

No obstante, esta población ha ido disminuyendo en los últimos años, debido a la migración de las etnias buscando mejor calidad de vida y a la urbanización de su territorio, siendo esto último, una imposición a convivir con personas que solo hablan el español, resultando un proceso de castellanización en los pobladores indígenas.

Aún así, los pocos hablantes que conservan lengua otomí, se han convertido en unos guardianes de este preciado tesoro ancestral.

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